ENTREVISTA A DIEGO RIVEROS, AUTOR DE "CACHIVACHES"

Actualizado: 28 de oct de 2020



Diego Riveros es licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. Activista, militante, fanático de Harry Potter y de Lady Gaga. Hace años trabaja como profesor y coordinador del área de Lenguaje en varios preuniversitarios del país, pasando por todos los contextos posibles. Actualmente cursa un magíster en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Chile, donde se dedica al estudio de la historia de la medicina en Argentina y Chile desde la mirada del paciente. El 2017 obtuvo el primer lugar en la categoría Cuento del Premio Municipal de San Bernardo con uno de los relatos que integra Cachivaches, su debut narrativo, donde cuenta la historia de un chofer de micro del Transantiago que es secuestrado por la larga noche santiaguina.

Ya ad portas del lanzamiento de su primer libro, le hicimos algunas preguntas sobre la contingencia, el proceso del libro y la territorialidad.

Primero nos gustaría saber cómo te has sentido durante esta pandemia, qué has hecho y qué no has podido hacer debido a la cuarentena y los resguardos sanitarios que se han tomado.

Dentro de todo el estrés y la angustia que provoca la incertidumbre de un gobierno nefasto para controlar la pandemia, podría decir que estoy bien, pues tengo la oportunidad de trabajar desde la casa en las dos pegas que tengo, no me redujeron tanto el sueldo, casi no salgo de la casa, por no decir nunca, y mis familiares y amigos más cercanos están sanos. La rutina me ha mantenido ocupado. Y además del trabajo estoy haciendo mi tesis del magíster. Entre esas dos cosas estoy a full de lunes a viernes, así que sigo anhelando los fines de semana, sigo sintiendo los días como los vivía antes de la pandemia. Como que no me he vuelto loco como la gente que lamentablemente está en una constante nada, como que todos sus días son lo mismo. Desde cierto punto agradezco eso, aunque es un poco extraño que la máquina siga a pesar de que se están muriendo 300 personas diariamente.

¿Cómo fue el camino de Cachivaches hasta convertirse en libro? ¿Nos podrías hablar un poco de eso?

Los orígenes de cada uno de los tres relatos son bien disímiles, a pesar de que convergen en que parten de una experiencia biográfica. También comparten el hecho de que son textos bien antiguos, o sea, me refiero a que la mayoría los venía editando hace más de cinco años. El texto que abre Cachivaches tiene que ver con toda esta idea falsa de la meritocracia que se puso en el tapete a partir de las movilizaciones pingüinas del 2006 y 2011. Aunque yo empecé a escribirlo unos años después, cuando me di cuenta que tenía muchos compañeros del colegio que ponían la insignia como fotos de perfil en el aniversario del Instituto Nacional. Y fue como cuestionarme el por qué lo hacían y por qué yo no sentía ese amor tan chovinista al colegio. Fue como “oye Diego, para, si tú igual cuando estabai en el colegio te creías el hoyo del queque, nunca fuiste un iluminado ni nada por el estilo”. Así que escribí ese texto para dar cuenta de ese tránsito, de los que quedan atrás en los procesos de selección y tienen trayectorias de vida que a nadie le importan, reflejados en la figura de mi hermano y cómo yo caí en esa máquina y también dejé atrás a todos mis amigos del barrio. Fue como una amnesia voluntaria que sentí necesaria para ser un verdadero institutano.


El texto “El chofer” lo escribí como una especie de homenaje/denuncia de las condiciones laborales de los choferes de micros amarillas y del Transantiago. Mi papá es chofer, entonces sé que muchas veces reciben toda la mierda sin tener ninguna culpa. Pero da lo mismo, porque son la cara visible y la gente necesita liberar el odio. Ese texto es bien crítico de la individualidad de la gente, que no tiene ningún problema en tirarle mierda a alguien igual de explotado que ellos. Como que es un “sálvese quien pueda” llevado a niveles patéticos. Por eso decidí escribir ese texto con un registro bien coprolálico y con personajes bastante contradictorios, como que los odias y los entiendes, ojalá llegue así a la gente.

El relato más largo, que es casi como una novela corta, es “Esbozos de mi madre”, que funciona como un cierre porque condensa toda la historia familiar de todos los personajes del libro a partir del cáncer de la madre del narrador, que también parte de una situación biográfica. Tiene que ver con procesar los miedos o más bien el horror de enfermarse en Chile siendo pobre y tener que esperar, sabiendo que el tumor es como una bomba de tiempo. Me parece que ese es el relato más emotivo, porque fue uno que escribí mientras vivía todo el proceso. No como los otros que fueron más bien textos que se dieron luego de vivir las experiencias.

Los cuentos de Cachivaches están situados en San Bernardo, son pocas las veces que se sale de ahí hacia Santiago. ¿Qué importancias le das a la territorialidad en tu escritura?


Le doy mucha importancia, pero reconozco que no fue la intención principal. O sea, fue natural para mí que si quería dar cuenta de una experiencia de un noventero que no estuviera todavía representado en la literatura chilena tenía que dar cuenta de alguien que viviera en la periferia de Santiago. Y como está basado en aspectos biográficos, apareció la comuna en la que he vivido, la que más conozco. Vivir en San Bernardo involucra tener que viajar horas para ir a un colegio bueno, si es que “quieres surgir”. Es tener que ir a otra comuna para recibir atención hospitalaria de alta complejidad, es tener temor por llegar tarde a tu casa y el miedo constante a ser asaltado, asesinado. Son todas temáticas que están en el libro porque son experiencias reales que están incrustadas en ti, desde siempre. En el libro hay una escena donde sale la Plaza de San Bernardo, el banco de la esquina, la municipalidad. Ahí hay mucha vida y quise un poco mostrar esos espacios. Cómo, por ejemplo, se transforma esa plaza cuando hay un evento masivo como la Teletón. De todos modos, creo que este asunto está cada vez más explorado por autores y autoras emergentes, no solo de la periferia de la Metropolitana, sino también de regiones, y me parece muy positivo que sea así.

Si tuvieras que ponerle un playlist a Cachivaches, ¿qué canciones deberían sonar en nuestra cabeza cuando lo leamos?

¡Oye, qué difícil, nunca lo he pensado así! Diría que los discos “La bala” y “Vengo” de la Anita Tijoux estuvieron reproduciéndose mucho en la escritura y edición de los cuentos. Creo que ese sería un buen soundtrack, sobre todo del primer cuento que es sobre la meritocracia. Cuando escribía el texto sobre mi padre escuché música que le gustaba a él, como Electric Light Orchestra. Cuando escribía el de mi madre, me puse a escuchar su música favorita, los Carpenters, Barbara Streisand, Alejandro Sanz. Y dos canciones de Kygo, un dj noruego, “Firestone” y “Stole the show”. Son temas que por razones personales influyeron mucho en la escritura del cuento basado en la historia de mi madre. Mucho.



123 vistas0 comentarios