Actualizado: ene 27


El último libro que publicó Gastón Carrasco es ¿Quién le teme a la poesía? (Laurel, 2019), una especie de manual escrito en coautoría con Felipe Cussen, Marcela Labraña, Manuela Salinas y Macarena Urzúa para iniciar o profundizar en algunos aspectos de la lectura de poemas (un acercamiento, un zoom, una caja de herramientas). Antes fueron los poemarios Monstruos marinos (Overol, 2017), El instante no es decisivo (Balmaceda Arte Joven, 2016) y Viewmaster (2011, reeditado por Ajiaco el 2016). Sus poemas son ojo, mirada, espacios urbanos, contemplación, todo eso junto.


Después de varios meses de la publicación de Luminarias, hablamos con él sobre la contingencia, las pulsiones de su último libro y el trabajo visual de Carola Lagos que acompaña la presente edición.


¿Cómo te has sentido durante esta pandemia? ¿Qué has hecho y qué no has podido hacer debido a la cuarentena?


Básicamente, estar o sentirme en contradicción. He podido escribir de manera sostenida, a partir de rutinas autoimpuestas que me hacen pensar en la vida en monasterio. Pero en vez de ayuno, rezo, ayuno, cantos, hacer cerveza; leo, escribo, traduzco, hago ejercicio, bebo cerveza. Hay días y días y vivo un día a la vez, sé que es un lugar común del porte de un buque ballenero, pero es más o menos cierto. Extraño, como todos me imagino, rituales sociales colectivos: cines, tocatas, boxear en las plazas, circular libremente y exponerme en cualquier horario en la calle. He aprovechado la instancia para retomar pendientes y hacerme consciente de que siempre hay más pendientes.


Luminarias, como bien señala la contratapa, es un libro que devela una mirada más que la interioridad del hablante. Una constante de imágenes que está desde Viewmaster. ¿Cómo situarías esta última publicación en relación a tus otros libros?


Es la continuación de Viewmaster y El instante no es decisivo, son libros primos, hermanos, parte de una misma pulsión escritural que pretende disputarle en algo el régimen a la imagen. Es también un registro a pulso de hechos o situaciones que están ahí a disposición de quien las quiera ver. No hay más pretensiones que esa. Es también la culminación o cierre de esa fijación mientras escribo o me encargo de otras pulsiones escriturales que me ha tomado tiempo resolver y que me hacen pensar en la escritura como una condición más que una decisión con la que no siempre estoy de acuerdo.


Armar la trama, la historia de sus viajes y desencantos”. Es imposible no construir una narrativa en la cabeza al leer los poemas de Luminarias, un libro que sucede sobre todo en la ciudad. ¿Cómo cambió la Revuelta Social los espacios que aparecen en Luminarias?, ¿crees que se filtra algo de ese descontento en tus poemas?


Es efectivamente una narrativa o un relato, lo pensé como las últimas imágenes de un fotógrafo que se iba quedando ciego y le tocaba palpar la realidad de otra manera. Había un agotamiento de la imagen que, cognitivamente, era difícil de procesar. Eso me pasó con la revuelta, que me parece se ajusta más al espíritu caótico que “estallido”, que además fue un concepto puesto desde los medios, desde afuera. Había un cúmulo de información e imágenes que simplemente no podía procesar. A veces me era preciso dosificar o desconectarme de cualquier dispositivo para no pensar en ello todo el tiempo, el libro se ve necesariamente afectado por esto y se vuelve parte de esa trama. Luminarias tiene algo fantasmal, casi no hay presencia de ellas en el libro, no había luz en el centro a cierta hora, aún hay puntos de la ciudad que no lo tienen. Eso me permitió pensar en una ciudad escritural muy similar a la nuestra, pero no que lo es, es una versión posible, un recorrido por una ciudad que se levanta solo a partir de juegos de luces.


Cuéntanos un poco sobre el trabajo de collages de Caro Lagos y la elección de dos de sus obras para la edición del libro.


Invité a Caro Lagos porque, primero, me parece demasiado bueno su trabajo. Parto del pie inicial de la admiración. Luego, como una forma de abrirme a un diálogo interdisciplinar (que ya existe en términos temáticos), pero de forma material, que gráficamente la imagen adquiriese un espesor o densidad dentro del texto. Pero tampoco quería la imagen puesta ahí de manera limpia o transparente. Me gusta el trabajo de Caro por el montaje que hace, por la composición y la manera en que une retazos de realidad a partir de recortes. No usa tijeras sino las manos, superpone revistas, fotografías y crea un relato nuevo a partir de lo “real”, que es un proceso análogo o que dialoga un poco con lo que pretendía en Luminarias. Esos poemas, que son retazos de realidad, son una versión posible, a una hora determinada, una subjetividad más dentro del tejido, no dicen nada sobre la realidad en estricto rigor, no tiene pretensión documental, sino más bien poner de manifiesto el procedimiento de la imagen como una forma abierta.





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Actualizado: 1 de nov de 2020



Como un flechazo: así se puede describir la relación de Gabriela Flores (Talagante, 1994) con el tenis. Licenciada en Literatura por la Universidad de Chile, entrenadora y jugadora de este mismo deporte, pero en su versión playa. Actualmente finaliza el Magíster en Estudios Latinoamericanos con una tesis que aborda la erotización de las deportistas en la prensa chilena y argentina del siglo XX.

Prontos al lanzamiento de su libro, le hicimos un par de preguntas sobre la contingencia, el deporte, sus intereses de investigación y el camino hasta llegar a Punto de quiebre.



¿Cómo te has sentido durante esta pandemia? ¿Qué has hecho y qué no has podido hacer debido a la cuarentena?


Creo que como a muchas personas, la pandemia me ha hecho pasar por buenos y malos momentos. No solo en términos económicos, sino a nivel emocional. Por un lado, en estos meses de encierro, pude retomar lecturas pendientes, avanzar en el proceso escritural de la tesis, ver varias películas y una que otra serie, pasar mucho más tiempo con mi papá. Lamentablemente soy muy de seguir trabajando siempre. No parar la máquina como se dice. Sin embargo, también pasé por una etapa más oscura y triste producto de la incertidumbre y la ansiedad. Asumir que dejarás de ver a tus círculos de amistad y de familia por un largo e indefinido tiempo fue lo más difícil y por otro lado, no pude evitar aislarme aún más en mi propio mundo. Hubo mucha pena, pero también aprendí a reencontrarme con ese lado más solitario que en algún minuto deseaba tener. Durante la cuarentena, leí mucho y supongo que me sirvió para mantener las ganas de seguir trabajando al día siguiente. Volví a ver televisión, mucho fútbol europeo y tenis obviamente. Realizar clases de tenis online, algo muy extraño que, con el paso de las semanas, se fue convirtiendo en nuestro ritual con los niños y niñas. Surgió la oportunidad de trabajar en una revista sobre tenis y también, una maravillosa iniciativa de trabajo con entrenadoras de tenis. Lo que no pude hacer es entrenar con cierta constancia por una cuestión motivacional y quizás priorizar la pega de computín. Recuerdo que había cierta intención de planificar algunos viajes para jugar torneos de tenis playa, todo suspendido hasta nuevo aviso. No pude viajar a Buenos Aires para seguir revisando material de análisis para la tesis. Todos los proyectos que tenía en mente para este año quedaron paralizados por la pandemia.

¿Cómo fue el camino de Punto de quiebre hasta convertirse en libro? ¿Nos podrías hablar un poco de eso?


El proceso escritural comenzó hace unos cinco años quizás, pero la idea venía de mucho antes. Recuerdo que una persona me dijo una vez que era imposible unir la literatura y el deporte. No podía existir una relación así. Quizás lo decía porque el deporte ha estado siempre presente en mi vida y no podía creer que, siendo tenista, había decidido estudiar Literatura. Entonces, esa idea rondaba en mi cabeza y de alguna manera traté de hacer el intento, demostrando que esa persona estaba muy equivocada. El libro partió con relatos muy similares a la crónica, pero que fueron girando hacia cuentos. Jamás estuvo la intención de confeccionar un libro. Creo que siempre fui reacia a contar que estaba escribiendo por un tema de timidez y porque no era algo constante. Trataba de hacerlo a partir de alguna idea previamente construida o de algún mapeo. Y me fui dando cuenta que estaba inserta en un mundo muy rico e interesante, donde pueden pasar muchas situaciones en muy poco tiempo. Cada vez que tenía una idea más o menos clara, escribía. Y de esa manera surgieron muchos relatos, algunos más extensos que otros, pero todos en el mismo escenario, porque el tenis es uno de los deportes que más conozco y siempre me he dedicado a observarlo muy detenidamente. Si bien no fui una tenista profesional y tampoco pude viajar fuera del país a competir, siempre tuve esa mirada curiosa en algunos espacios que pude acceder y en el entorno más familiar. Siguiendo con esta idea del proceso o del camino a, había logrado después de mucho tiempo escribir varios relatos y tenía ganas de compartir algunos escritos con amistades. En paralelo, comencé a participar de algunos talleres literarios enfocados en la escritura, para entender justamente mi proceso escritural, compartir opiniones y experiencias.


En relación a la temática de Punto de quiebre. ¿Cómo ves la presencia del deporte y el tenis en la literatura chilena?


Me gusta mucho tu pregunta porque de hace bastante tiempo que estoy tratando de buscar material en la literatura chilena. Desde que el libro empezó a tomar forma, en algún momento empecé a preguntarme si existía interés desde la escritura literaria por este tema. Una siempre encuentra biografías sobre grandes figuras deportivas. En el caso del tenis, a nivel internacional están las (auto)biografías de Rafael Nadal o de André Agassi; o bien, el de Maria Sharapova y de Jelena Dokic. En el caso chileno, puedes encontrar escritos provenientes desde el periodismo en relación a algunas figuras deportivas como Marcelo Ríos. Ahora bien, en la literatura chilena existen antecedentes sobre esta temática. No es muy frecuente hallarlos, pero están. En los años 20’ podemos encontrar los Primeros Juegos Florales Deportivos organizado por la Federación de Excursionistas de Chile, donde se recibieron himnos, cantos y versos alabando tanto la belleza del deporte como de la parte física de quienes practicaban. Este punto referencial es importante porque después encontré diversos autores que abordaron el deporte al interior de sus obras. Por ejemplo, el caso de Floridor Pérez quien realiza una antología, seleccionando poemas de autoras y autores, que se inspiran en distintos deportes y juegos. También están los autores Fernando Alegría y Poli Délano, que profundizaron en el mundo del boxeo y del fútbol. En general, los deportes más recurrentes son el fútbol, el boxeo y quizás hay algo más sobre el ajedrez. Respecto al tenis, solo he encontrado un libro escrito por Carlos Ossandón Guzmán titulado Diario de un tenista o las ansías de ser campeón que fue publicado casi a fines de los 50’, que contiene dibujos y también referencias históricas en torno al tenis chileno. Por una cuestión de tiempo no he podido leerlo, pero está en la lista de lecturas pendientes. Al igual que la novela de Roberto Castillo Sandoval “Muriendo por la dulce patría mía” que cuenta la historia del boxeador Arturo Godoy que en 1940 fracasó dos veces en el intento de coronarse campeón mundial de pesos pesados. Me interesa conocer esas historias sobre figuras deportivas que en algún momento fueron tratados como ídolos deportivos, porque atrás de esos logros está el proceso que involucra muchos elementos positivos y negativos. Un texto que sí he leído es la publicación de Pez Espiral sobre poesía chilena deportiva llamada Selección Nacional, que da cuenta de varias hazañas deportivas que ilustran un pasado donde la derrota es uno de los tópicos principales a partir de 11 poetas (incluida una mujer) quienes se hacen cargo desde la poesía. Por otro lado, la producción de este tipo de literatura ha sido encabezada por hombres, al menos en Chile, dejando a las mujeres invisibilizadas en algunos casos; puesto que son muy pocas las que han hecho referencia a esta temática. A propósito de autoras, en una feria de libros me encontré con el título argentino de Sucias de Caucho donde sus personajes son jugadoras de fútbol amateur y van narrando sus historias desde el mismo juego en cancha y cómo se enfrentan a las experiencias con el cuerpo al momento de jugar, entre otros temas. Entonces, creo que las mujeres podemos narrar desde la experiencia deportiva o hablar sobre deportes desde lo literario al igual que los hombres. Esperemos que salgan más voces de mujeres hablando sobre prácticas deportivas, con otros puntos de vista y generar discusiones y nuevas entradas al campo literario chileno.

En tus cuentos se puede apreciar un correlato deporte/vida, otorgándole cierta épica a las historias, pero nunca exagerando la nota. ¿Cómo enfrentar la vida desde el deporte? ¿La escritura se parece al deporte en ese sentido?


A propósito de tu primera pregunta, el otro día escuchando una charla sobre violencia de género en el deporte, una de las entrevistadas dijo que prácticamente la figura de deportista es tratada de una manera diferente por la sociedad, ¿no?, es decir, ser deportista significa ser otra persona probablemente siendo muy valorada, elogiada, etc. Pero se da ese tratamiento distinto desde la escuela. En mi caso, en el colegio los profesores y el curso sabían que yo jugaba tenis, entrenaba todos los días y además competía, sumando evidentemente las responsabilidades y deberes con el colegio. A lo que voy es que existe esa diferenciación y nos ponen en un sitial para bien o para mal. Siendo amateur o no. No sé si me explico. Ahora yo creo que el deporte contiene una serie de valores que te marcan para siempre. Entonces, sí o sí puedes ver mucho de eso reflejado en tu cotidianeidad. Pienso en la disciplina y en el perfeccionismo, por ejemplo. Dos cuestiones que me las potenció mucho el tenis y a veces, por circunstancias externas a una, tienes que enfrentar situaciones muy complejas que implican un choque emocional muy fuerte, que tal vez, una persona no deportista no hubiese podido "superar" tan prontamente. En ese sentido, yo le agradezco mucho al tenis porque he podido sobrellevar algunos hechos puntuales dolorosos a nivel personal. Pensando en lo que viene, que hay que seguir jugando o luchando en este caso. En relación a la segunda pregunta, me cuesta pensarlo, pero creo que hay similitudes. Al igual que la escritura, donde hay varios procesos, silencios, continuidades, rupturas, revisiones, etc. Ocurre que, en el deporte, en niveles distintos, estás todo el rato viviendo un proceso; sobre todo cuando te estás formando en un deporte. Mi entrenador siempre ha conceptualizado el tenis como un camino que contiene un proceso largo, con altos y bajos, pero dependiendo de tus ganas, puede acabar de manera exitosa. Al final todo depende de una. De tus capacidades para adaptarte, el apoyo, las ganas. Considero que ambos son procesos que tienen sus ritmos y sus dificultades, pero lo interesante es que en los dos tienes que absorber todo lo que puedas y seleccionar las mejores herramientas o ideas para pulirlas, trabajarlas y que el producto o el resultado final sea lo que te habías propuesto. En eso sí que se parecen ambos.


Has investigado sobre la historia del deporte femenino latinoamericano. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué descubriste? ¿Pudiste rescatar algo de cara a la escritura de tu libro?


Estoy finalizando mi magister en Estudios Latinoamericanos y descubrí en uno de los cursos iniciales que era posible trabajar en términos investigativos la temática deportiva. Entonces decidí abordar este tema en base a dos puntos que me interesaban: figuras femeninas y las revistas deportivas. A mi juicio, ambos elementos son interesantes porque hay una fuerte imagen de la mujer deportista como un objeto provocativo hacia el público masculino, pensando justamente que las revistas deportivas tienen un consumidor masculino principalmente. Al menos en los casos chileno y argentino, podemos hallar eso. Las figuras deportivas escogidas para llevar a cabo esta investigación son Anita Lizana -tenista chilena- y Jeanette Campbell -nadadora argentina-. Ambas referentas fueron muy potentes en su época dorada y su reconocimiento no era solo por logros deportivos, sino que también por una cuestión física, sus cuerpos eran el foco principal de portadas y menciones en la prensa. En ese sentido, ha sido muy entretenido descubrir que existen estudios sobre deporte desde diversas perspectivas históricas, sociológicas, periodísticas, estéticas, etc. También lo pienso no solo desde lo académico, sino que, a nivel personal, porque me considero deportista aún, estoy inmersa en el mundo del tenis todavía y es muy enriquecedor pensar que no solo estás aportando en cancha, sino que también se puede hacer desde el papel mismo. Debido al contexto sanitario, la tesis de alguna manera ha ido girando hacia otros caminos, pero bajo el mismo hilo conductor. El trabajo en sí ha sido más complejo, pero muy enriquecedor porque he ido comprendiendo lo significativo que es conocer la historia del deporte femenino, sobre todo en países latinoamericanos. Por estos días, se está jugando Roland Garros y tuvimos presente a dos jugadoras latinoamericanas en el cuadro principal del torneo: Renata Zarazúa (México) y Nadia Podoroska (Argentina) y esta última logró alcanzar las semifinales; me preguntó ¿por qué no las conocemos? Nos queda mucho por hacer para visibilizar el trabajo que han realizado varias jugadoras latinoamericanas en diversas disciplinas deportivas, porque es fundamental que las chicas de generaciones menores sepan que ellas estuvieron o están ahí, entrenando y compitiendo para cumplir metas, sueños y proyectos. En cuanto al libro, creo que se conecta muy bien con la necesidad de poner en escena una o más voces femeninas, la mayoría de los personajes son mujeres y eso le da mucho más sentido a esta batalla por la visibilización y qué mejor que la o las narradoras relaten desde una experiencia deportiva más íntima y a la vez, revelando todo lo que pasa detrás de un partido, o en los entrenamientos; los vínculos que se van generando, qué se siente cuando se entra a una cancha; en fin. Rescatar esos momentos y no dejarlos en el olvido fue lo que más valoré en el proceso escritural y cuando estaba realizando la investigación de la vida de las deportistas mencionadas.


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Actualizado: 28 de oct de 2020



Zow Ormazabal (Santiago, 1992) es licenciada en Ingeniería Civil en Computación y diplomada en Estudios Globales por la Doshisha University. Aficionada a los deportes de resistencia, a las artes marciales y al aprendizaje de idiomas, escribió hace unos años la novela 515 km que bajo el título de Runner’s High ganó una mención en el Premio Roberto Bolaño 2016. El título 515 km hace alusión a la distancia que contempla el Ultraman, uno de los triatlones más exigentes del mundo que se realiza anualmente en Hawai. Los personajes de 515 km reflejan la entrega total e indiscutida hacia el deporte, llevando al límite la mente y el cuerpo.

Prontos al lanzamiento de su libro, le hicimos un par de preguntas sobre la contingencia, el deporte y sus influencias para escribir la novela.

Primero nos gustaría saber cómo te has sentido durante esta pandemia, qué has hecho y qué no has podido hacer debido a la cuarentena y los resguardos sanitarios que se han tomado.

Aproveché la cuarentena para terminar mi carrera en la universidad sin muchas distracciones y poder estudiar más chino. Además, he podido avanzar con otra novela que tenía en pausa hace bastante tiempo. Lo que no he podido hacer mucho, irónicamente con respecto al tema del libro, es andar en bicicleta, correr y nadar. Sin embargo, esto me ha permitido explorar otro tipo de prácticas deportivas que puedo hacer en casa y "deslesionarme" de algunos desgarros que tenía por sobreexigirme y no respetar los descansos adecuados.

¿Cómo fue el camino de 515 km hasta convertirse en libro? ¿Nos podrías hablar un poco de eso?


515 km partió como un proyecto de verano. Fue un periodo especial donde me dediqué cien por ciento a entrenar triatlón y cuando llegaba de entrenar me ponía a escribir. Mi intención inicial era una cruza entre los animés de deporte que me motivaban y los audiolibros que escuchaba al correr. Sin embargo, quería ver una historia donde los protagonistas no fueran niños compitiendo en un interescolar, sino que el deporte fuera algo que los acompañara a lo largo de sus vidas y no se quedara olvidado en una sola competencia.


La narrativa deportiva es escasa en la literatura chilena. Sorprende encontrar un libro que hable de esto y con la contundencia de 515 km. ¿Cuáles fueron tus principales influencias para construir la novela?


Mis principales influencias fueron la gente que veía entrenar o competir a mi alrededor, así como mis propias experiencias también. Confieso que varios de los personajes surgieron de un menjunje de conversaciones escuchadas en camarines y competencias. Como mencioné antes, otro factor influyente fue mi afición por las series japonesas de deporte. Busqué por todos lados alguna sobre triatlón, pero no había, así que me sentí obligada a escribir algo sobre este deporte.

Por otro lado, me encanta leer memorias de deportistas y exploradores. Desde que leí De qué hablo cuando hablo de correr de Murakami, hace como diez años, que me llené de ganas de escribir algo sobre deportes de resistencia. Cada testimonio de deportista que leí hizo que me nutriera de las experiencias de los atletas que admiro y me impulsara tanto a subirme a la bicicleta, como a explorar escenarios mágicos y distantes, participando por proxy en las carreras legendarias que cursan los personajes de 515 km.


En 515 km está la intención de reconstruir una ruta por los triatlones de Estados Unidos más importantes hasta llegar al Ultraman, una de las carreras más duras del mundo. ¿Por qué te interesaste por esta rama de los deportes? ¿Cuál crees tú que es el lugar del triatlón en Chile?

En general me gustan los deportes de resistencia, por lo que practicaba natación, ciclismo y trote por separado. Un día recordé historias de conocidos míos que practicaban triatlón y se me ocurrió aventurarme en este deporte. Es una actividad muy absorbente, ya que requiere seguir una rutina seudo-monacal de levantarse temprano y entrenar muchas horas al día, lo que te da también un gran tiempo de introspección, que en mi caso desembocó en imaginar las historias de los personajes de la novela.


El triatlón en Chile sigue siendo un deporte de nicho, aunque cada vez más popular. Supongo que todavía no se masifica más por la alta barrera de entrada en términos de implementos y los precios cada vez más altos de las carreras, al menos para mí fue así. Es algo que no me agrada mucho y me gustaría que más gente pudiera probar los deportes de resistencia solo por lo entretenidos que son, sin sentir que la única forma válida de hacerlo es inscribiéndose en una competencia ni comprando la bici más liviana para poder hacerlo. A mi juicio lo más importante es la motivación para desafiar nuestros propios límites y encantarnos con el deporte, sea el triatlón o cualquier otro, no necesariamente enfrascarnos en hacer un tiempo determinado en una prueba.


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